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21 mayo 2022

Recuerdos del ayer

 A lo largo de nuestra vida obtenemos muchas cosas, otras sin embargo nos vienen predestinadas.

Sabemos que esas cosas en algún momento las perderemos, no sabemos cuando, como ni porqué, pero lo que sí sabemos es que dolerá y que nos parecerá injusta esa pérdida tan dolida.

Tal vez, y solo tal vez, tengáis la esperanza de no perder nada, de que cuando pase el tiempo todo siga como cuando erais pequeños.

Tal vez, y solo tal vez, creáis que esa injusticia poética que es la existencia os perdone y os permita conservar todo lo que tenéis.

Tristemente crecemos y lo primero que perdemos es nuestra inocencia, nuestra ilusión por las nimiedades y creencias inculcadas en la infancia.

La magia de volar

 Recuerdo perfectamente aquellos días, a pesar de que han pasado muchos años, cientos de años. Tengo buena memoria, no lo voy a negar, recuerdo con exactitud todos los momentos importantes y algunos no tan importantes.

Aylen, fue el ave fénix que me dio calor. Los ave fénix dan calor a los embriones de sílfides.

"Utiliza las alas para impulsarte, amor", me repetía Aylen, una y otra vez, pero con voz tranquila y paciente. Yo no entendía cómo se usaba, si había qué agitarlas o no, ¿por qué he nacido con alas?, me cuestionaba una y otra vez, lamentando el azaroso destino.

No elegí ser sílfide, no elegí vivir en el Bosque de los Ents, pero hoy puedo decir que estoy orgullosa de ser lo que soy y vivir donde vivo, aunque no siempre fue así.

El poder de sentir

Desde siempre he sido consciente más de mi entorno que de mi misma, es como si fuera una simple alma que se dejaba llevar, sin destino fijo y sin ninguna meta a la que llegar.

¿Cómo podía ser consciente de los sentimientos de los demás y no de los míos?

¿Cómo es que no ponía una barrera para poder vivir como una chica normal y corriente?

¿Por qué no era como las demás?

¿Por qué a mí?

Esas preguntas se arremolinaban en mi cabeza como un torbellino mientras el viento golpeaba con fuerza mi cuerpo.

Todo pasaba muy rápido a mí alrededor, aunque eso era lo normal.

A lo largo de mis años todo era igual, tanto que ya no podía soportarlo más.

¿Te imaginas lo que es sentir lo mismo que todas las personas de tu alrededor sienten al mismo tiempo?

Pues créeme cuando digo que yo lo sé, lo sé perfectamente.